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La bodega de la esquina

Pan, huevos y un billete de cincuenta. La tienda de la esquina enseña a comprar poquito.

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En cuadra hay una bodega. Se llama Bodega Rosita. Abre las siete de la mañana y cierra las once de la noche.

La señora Rosita ya conoce. Cuando entro, siempre me dice lo mismo.

—¿ le doy, joven?

Yo compro pan todos los días. Compro panes y a veces un poco de queso. Ella pone todo en bolsita.

—¿Algo más?

—¿Tiene huevos?

—Sí. ¿Cuántos quiere?

— docena, por favor.

En bodega de todo: arroz, aceite, gaseosas, higiénico, jabón. Si falta algo a las diez de la noche, no voy al supermercado. Voy Rosita.

Aquí aprendí una cosa importante. En la bodega puedes poquito. Un huevo, dos panes, una cebolla. No tienes que comprar un paquete grande.

El martes pagué con billete de cincuenta soles.

—Uy, joven, ¿ tiene sencillo? —me dijo.

Le dije que no. Entonces ella buscó en cajón, contó las monedas y me dio vuelto. Los dos reímos.

Ahora, cuando salgo de mi edificio, siempre miro hacia la esquina. Si la luz de la bodega encendida, todo está bien.

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